Quiero ver a mis padres.
Las manos de Emma no dejaban de temblarle y las lágrimas resbalaban por su rostro una tras otra, sin que pudiera detenerlas, mientras su mente parecía haberse quedado atrapada en un solo punto, en una sola necesidad urgente.
Que el avión aterrizara de una vez.
Quería llegar a París. Quería correr al hospital, al puerto, a donde fuera necesario. Quería ver a sus padres, escuchar sus voces, comprobar con sus propios ojos que seguían vivos y qu