No es un accidente.
Al aterrizar en París, el auto ya los estaba esperando, y Emma apenas tuvo paciencia para subir antes de ordenar que condujeran lo más rápido posible a la mansión Hartley, donde Mateo le había dicho a Damián que estaría esperándolos.
Durante todo el trayecto, Damián la llevó rodeada con un brazo, firme y silencioso, como si supiera que cualquier intento de hablar solo empeoraría el estado en el que ella se encontraba. Emma no se apartó.
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