Regresa ahora mismo a París.
Damián le devolvió el beso con una dulzura que a Emma le apretó algo en el pecho.
El suspiro se le escapó solo cuando los dientes de él atraparon con suavidad su labio inferior. Era un gesto tan suyo, tan íntimamente suyo, que el cuerpo de Emma lo reconoció antes de que la mente alcanzara a hacerlo. Y entonces lo supo.
También había extrañado eso.
No quería pensarlo demasiado, pero lo había extrañado.