Promesa.
Los estilistas terminaron con Emma y se hicieron a un lado casi al mismo tiempo, como si el reloj los estuviera corriendo y el margen para dudar se hubiera quedado atrás.
Emma se observó en el espejo solo lo necesario y comprobó que todo estaba como lo pidió, natural, limpio y sobrio, sin exceso, porque esa noche el vestido ya hacía suficiente ruido por sí solo y ella no pensaba competir con él.
Asintió una vez y se puso de pie con una calm