La cazafortunas ha vuelto.
Pronto llegaron a la mansión que Peter había comprado meses atrás.
Emma la miró desde el auto con esa calma tensa de quien entiende demasiado tarde el rompecabezas completo y, por primera vez desde el anuncio en la junta, le hizo sentido el interés absurdo de su padre por una propiedad en Nueva York.
Claro.
Él no improvisaba. Nunca lo había hecho.