Tal vez lo necesito.
Un escalofrío le subió por la espalda hasta la nuca a Emma, en cuanto el jet privado tocó pista en el aeropuerto.
El estómago se le revolvió con una violencia que la obligó a tomar una botella de agua casi entera y tragó rápido, como si pudiera empujar el malestar hacia abajo a pura fuerza.
Se quedó con la vista fija al frente mientras el avión terminaba de rodar y respiró por la nariz, obligándose a no perder el control.
De vuelta a Nueva York.
Y esta vez venía con Emmanuel.
Antes había huido. Ahora volvía. Y aun así, el cuerpo no parecía entender la diferencia.
A su lado, Mateo Ferguson la observó con atención.
Durante todo el vuelo había tenido a Emmanuel jugando en su regazo y ahora el niño dormía profundamente en sus brazos confiado, como si el mundo no pudiera tocarlo mientras alguien