Tal vez lo necesito.
Un escalofrío le subió por la espalda hasta la nuca a Emma, en cuanto el jet privado tocó pista en el aeropuerto.
El estómago se le revolvió con una violencia que la obligó a tomar una botella de agua casi entera y tragó rápido, como si pudiera empujar el malestar hacia abajo a pura fuerza.
Se quedó con la vista fija al frente mientras el avión terminaba de rodar y respiró por la nariz, obligándose a no perder el control.