Espero no arrepentirme de esto.
Emma se quedó en silencio con el teléfono pegado a la oreja.
La voz del otro lado había dicho su nombre con naturalidad.
Soy Dante.
Emma frunció el ceño casi por reflejo y miró a Mateo, que ya la observaba con curiosidad, atento a cualquier cambio en su cara. Él no preguntó todavía, pero su postura lo decía todo.
Estaba listo para intervenir si era necesario.