Emma realmente se había ido.
Damián despertó con la sensación de que alguien le había partido la cabeza en dos.
El dolor era punzante, como un martillo golpeándole detrás de los ojos.
Tardó unos segundos en enfocar el techo, en recordar que estaba en su habitación. Su espacio. La cama enorme, el silencio frío, la casa que compartía con Emma… y que ahora solo respiraba vacío.
Maldita sea…
Se incorporó con torpeza, apoyándose en el colchón porque el mareo era brutal, demasiado fuerte para ser una simple resaca. Él sabía bebe