Vuelve, amor.
Damián Blackwood no durmió.
No porque el cuerpo no lo pidiera, sino porque la mente se negó a concederle ese descanso mínimo que antes daba por sentado.
Cerró los ojos varias veces, giró de un lado a otro, cambió de almohada, se quitó la camisa, volvió a ponérsela, pero nada funcionó.
La cama era demasiado grande para un solo cuerpo y, por primera vez, ese detalle lo incomodó.
No estaba acostumbrado a dormir en una habitación que no respiraba al ritmo de su esposa.
Emma solía acomodarse de cost