Emma decide.
Victoria miró a Caleb con un brillo filoso, lista para seguir con la misma historia que ella misma había sembrado, pero Caleb no le regaló ni una pizca de incomodidad.
Ni un parpadeo de más.
Se limitó a inclinar apenas la cabeza, como si fuera a responderle en una junta y no a una mujer que había convertido un abrazo en un escándalo mundial.
—Señora Blackwood, usted no tiene derecho de hablar mal de nadie en esta empr