Jared había tomado un puñado de cabello de Indira con una fuerza desmedida, ladeándole el rostro hacia un lado como si fuera un animal al que necesitaba someter. Indira soltó un grito ahogado y sus manos se alzaron instintivamente para intentar aflojar la presión, pero él la sostuvo sin vacilar, sin medir su violencia.
—¡¿Qué demonios significa esto, Indira?! —rugió Jared, en lo que seguía agitando el acta de divorcio frente a sus ojos—. ¡Contéstame! ¡¿Qué es esto?!
—¡Papá, por favor… me estás