La búsqueda de Nadia se convirtió, para Rowan, en un asunto personal. No era simplemente un capricho ni una deuda emocional: era una necesidad que lo consumía día y noche.
Al principio, la estrategia parecía clara. Luciano movilizó todos los recursos disponibles dentro del país. Investigaron hoteles, terminales de autobuses, estaciones de trenes y aeropuertos, sobornaron recepcionistas, gerentes y hasta encargados de equipaje. Cualquier persona que pudiera haber visto a la joven que se hallaba