El sonido del teléfono a esa hora no presagia nada bueno.
—¿Señorita Zoé? —La voz al otro lado suena urgente, casi temblorosa—. Soy la doctora Rivas del hospital San Gabriel. Su hermana ha sufrido una recaída. Está en estado crítico.
Siento cómo el aire abandona mis pulmones de golpe.
Mi mundo, ese que ya estaba tambaleando por culpa de un matrimonio fingido, una prensa hambrienta y una mentira que se ha salido de control… colapsa. Simplemente colapsa.
Las lágrimas brotan sin permiso. Me empapa