Nunca pensé que mi vida interesaría lo suficiente como para que alguien quisiera publicarla. Las historias que siempre imaginé dignas de un libro eran las de otros: mujeres más valientes, con batallas más grandes, con finales más cinematográficos. Pero aquí estoy, con un correo abierto en mi computadora, firmado por una editorial que asegura que mi historia merece ser contada.
Me quedo mirando la pantalla sin saber si reír o cerrar la laptop y fingir que nunca lo leí. La palabra novela brilla