El sol cae lentamente sobre el jardín, tiñendo todo con un dorado cálido que parece abrazar cada rincón de nuestra casa. El aroma del asado flota en el aire, mezclándose con la brisa fresca de la tarde. Liam, con su delantal ligeramente manchado y la sonrisa tranquila de siempre, se ocupa de las brasas, vigilando que todo esté perfecto. A lo lejos, Camila corre detrás de Amelia, ambas riendo a carcajadas, sus voces pequeñas pero llenas de vida, como campanas que anuncian alegría pura.
Me siento