El aire en la finca huele a pinos y a tierra húmeda. La brisa mueve las hojas con suavidad, como si incluso el viento supiera que hoy no es un día cualquiera. Estoy de pie frente al arco de madera que Camila y Zoé decoraron con guirnaldas blancas. No es un altar de iglesia, no hay bancos, ni músicos… y sin embargo, todo en este lugar grita “hogar”.
Camila camina delante, sosteniendo un pequeño ramo de flores silvestres que ella misma recogió esta mañana. Lleva un vestido sencillo, el cabello r