La entrevista termina, pero el caos apenas comienza.
Los titulares se multiplican en cuestión de minutos. Las redes sociales arden. Las capturas, los gestos, las miradas… cada segundo del programa es analizado por extraños como si supieran lo que pasa en mi cabeza. Como si supieran lo que pasa en mi corazón.
Apenas cruzamos la puerta del penthouse, siento cómo me falta el aire.
Primero son mis manos: tiemblan. Luego el pecho: se contrae. Las paredes parecen moverse, cerrarse, como si quisieran