Juliana fue al siguiente día. Su rostro se veía bastante rígido. Las comisuras de los labios apretadas. Los hombros tensos.
Mía la recibió con un abrazo como si hubieran estado separadas por meses en lugar de horas. La necesitaba. Necesitaba esa conexión. Ese ancla a algo familiar.
—Yo también las extraño tanto. —Juliana le correspondió el abrazo—. Renuncia a esta locura y vuelve a mí. —Le dijo en tono meloso, aunque había algo forzado en su voz.
Mía soltó una risita mientras se separaba.