Stephanie avanzaba por la tienda comercial con su abrigo negro y el cabello recién cortado.
En uno de sus brazos llevaba una bolsa de compras y en el otro, su teléfono móvil.
Sus pasos iban lentos. El tacón de sus botas golpeaba el piso con un ritmo apagado. Un escalofrío le recorrió la espalda. Tuvo esa sensación rara de ser observada.
Giró la cabeza en busca de alguien. De unos ojos curiosos que la acechaban, según su cerebro, desde las sombras. Nada.
La gente avanzaba despreocupada. Cada uno