La sala de entrevistas era fría. Paredes grises. Una mesa metálica atornillada al suelo. Dos sillas enfrentadas. Una cámara fija en la esquina superior.
Stephanie, sentada, la espalda recta. Las manos apoyadas sobre la mesa. Los dedos entrelazados con fuerza.
El agente cerró la puerta detrás de sí y tomó asiento frente a ella. Abrió una carpeta. No la miró de inmediato.
—Señorita Salazar, necesito que me relate exactamente qué ocurrió desde que salió de su departamento.
Stephanie sostuvo la res