Stephanie entró al hospital con paso inseguro. El cuerpo le dolía. No de golpes. De otras cosas. Cosas que no podía explicar sin revelar demasiado.
Ana la esperaba en la cama. Pálida. Frágil. Los ojos le brillaron al verla entrar.
—Mi niña. —Las palabras salieron rotas. Cargadas de emoción—. Mi bebé.
Se incorporó. Extendió los brazos. Temblorosos.
Stephanie se acercó despacio. Se dejó abrazar. Los brazos de su madre la rodearon. Demasiado fuerte. Como si quisiera fundirse con ella.
—De verdad t