La bebé de Mía comenzó a llorar.
El sonido la arrancó de golpe de sus recuerdos. Del pasado. De ese lugar donde Adriel todavía la miraba con ternura.
Volvió al presente. A su departamento nuevo. A su realidad actual.
La cargó con cuidado. Sintió el peso ligero de su cuerpecito. Tan pequeña. Tan frágil aún. La acomodó encima de la cama, sobre las sábanas recién lavadas que todavía olían a detergente especial.
Su teléfono sonó. El vibrar contra la mesita de noche se mezcló con los quejidos de Ize