Dos días después, entre solicitudes de empleo y la desesperación de no saber si ir al médico a confirmar su condición o solo tomar una pastilla y fingir que todo había sido espontáneo, Mía ni siquiera pudo creer que la señorita Alondra Molina le marcara para decirle que su solicitud de empleo en “Blue” fue aceptada.
De repente miró a Juliana, que se arreglaba meticulosa, sentada en el sofá para ir al trabajo.
—Obtuve el puesto —le susurró lo suficientemente fuerte para que ella escuchara.
—Ex