En la pantalla, el médico vio otra figura. Otra bolsita.
Otro pequeño parpadeo luminoso.
—Señora Yailes, no se asuste —dijo el médico con una sonrisa suave—. Son dos. Dos corazones.
Activó el audio, y el consultorio se llenó de dos ritmos distintos, dos velocidades, dos vidas que latían al mismo tiempo, una sincrónica y otra un poco más acelerada.
Mía sintió cómo el mundo entero se movía, aunque seguía acostada.
—¿Dos? —susurró, con la voz quebrada.
—Sí. Tiene un embarazo gemelar. Ambos parece