Mía lo miró en silencio. Analizó cada sílaba.
—Vine porque me chantajeaste.
—Te di una opción —corrigió—. Podrías haber dicho que no.
—¿Y dejar a Tomás en la cárcel?
—Tomás es un criminal. —Sus facciones se endurecieron—. Tiene vínculos con gente peligrosa. Tengo pruebas.
—No me importan tus supuestas pruebas. —Mía lo interrumpió—. Él me cuidó cuando nadie más lo hizo. Cuando tú me destruiste.
Adriel apretó los puños sobre la mesa.
—Entonces cuéntame —insistió—. Cuéntame cómo te destruí.