Mía fue a dejar la solicitud a la tienda de perfumes “Blue”. Se esforzó demasiado por parecer “normal”, cuando todo lo que quería era tirarse al mar. El administrador inspeccionó su rostro por unos largos segundos; era la expresión de un hombre al que le gustaba lo que veía: los labios ligeramente carnosos, los ojos cafés claros, la nariz, todo equilibrado… y luego su mirada descendió hasta el bastón de madera. Entonces arrugó apenas el ceño.
Mía se dio cuenta del cambio, pero había tanto caos