Lo dobló.
Eso fue lo primero que hizo. Doblar el papel con cuidado, como si fuera algo frágil, como si las palabras pudieran escaparse si lo manejaba mal. Lo metió en el sobre. El sobre fue al bolsillo de su chaqueta.
Todo en menos de cuatro segundos.
Nathan levantó la vista del teléfono.
—¿Qué era?
—Correspondencia de trabajo. —La voz le salió limpia. Firme. Sin fisura—. Nada urgente.
Él asintió y volvió a la pantalla.
Evelyn colgó la chaqueta en el perchero de la entrada y subió a ducharse.
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