El café llegó frío.
Evelyn lo notó cuando lo tocó con los labios, pero no lo devolvió. Lo dejó sobre el escritorio de vidrio, al lado de los contratos que Diana había apilado con su precisión habitual, y siguió mirando la pantalla.
Los números eran reales.
Carter & Cross había cerrado julio con un margen de ganancia que tres meses atrás habría parecido una fantasía. Cuarenta y dos clientes activos. Tres colecciones en producción. Una lista de espera que Diana manejaba con eficiencia quirúrgica