Harrison llegó sin la carpeta.
Era la primera señal.
La segunda fue la hora: las ocho de la mañana de un miércoles, antes de que el café hubiera terminado de hacerse. Nathan abrió la puerta. Harrison lo miró con la cara de quien trae algo que no admite el tiempo que tarda un mensaje en ser respondido.
—Raymond Holt fue detenido esta mañana —dijo—. Por fraude de valores.
El silencio duró cuatro segundos.
—Entra —dijo Nathan.
La investigación había comenzado once meses atrás.
Harrison lo explicó