El lunes de junio no tenía crisis.
Nathan lo dijo en el desayuno con el café en la mano y la cara de alguien que acaba de verificar un sistema y que no sabe cómo procesar el resultado.
—No hay crisis —dijo.
El penthouse lo recibió con el ruido ordinario de cinco niños en distintos puntos del proceso de despertarse y prepararse para un lunes que era el primero de junio, lo que significaba que el colegio había terminado y que lo que venía a continuación no tenía la estructura de los días de clase