El correo del orientador llegó un jueves a las tres de la tarde.
Evelyn lo leyó en el estudio mientras Helena y los gemelos dormían la siesta y el penthouse tenía esa calidad de las tardes de noviembre que hacían que la luz pareciera casi suficiente.
El asunto decía: Reunión sobre Sophie Blackwood.
No lo leyó dos veces. Con una fue suficiente.
El orientador tenía la voz tranquila de los educadores que han aprendido a presentar las cosas sin alarma innecesaria porque la alarma cierra las convers