Regresé al penthouse cuatro horas después.
Tenía la cabeza palpitante, los pies doloridos y una mezcla de agotamiento y adrenalina recorriéndome el cuerpo. La salida había sido un caos controlado. Los paparazzis se habían lanzado sobre el coche como hienas, golpeando los cristales, gritando preguntas obscenas sobre mi supuesto pasado criminal y mis "artes de seducción".
Torres había sido impecable, abriéndose paso con la sutileza de un tanque, pero el ruido... el ruido se quedaba contigo.
Sin em