El perfume de mi madre llegó antes que sus palabras. Chanel N°5. El mismo que usaba cuando era niña y me dejaba en casa de la abuela para ir a sus eventos de caridad. El mismo que olía cuando besaba mi frente distraídamente, siempre con prisa por llegar a otro lugar.
Siempre otro lugar más importante que yo.
Estaba sentada en el sofá del salón principal, con las piernas cruzadas y una taza de té que no había tocado. Su cabello rubio, perfectamente teñido, enmarcaba un rostro que el bótox mantení