La luz me despertó.
Gris. Fría. El tipo de luz de Manhattan que se filtra a través de ventanas demasiado grandes y promete un día que no quieres enfrentar.
Parpadeé. Desorientada.
No estaba en mi cama. Estaba en el sofá del salón. Cubierta con una manta de cachemira que no recordaba haber pedido. Una almohada bajo mi cabeza.
Y el apartamento estaba vacío.
Me senté lentamente. Todo mi cuerpo dolía. Tensión acumulada. Adrenalina gastada. El precio de una noche que se sintió como una guerra.
El rel