La memoria de Damien no era lineal. Nunca lo había sido, a pesar de los años que había dedicado a enseñarles a otros cómo ordenar la suya. Funcionaba por capas, por sedimentos, como la geología de algo que lleva mucho tiempo acumulándose sin que nadie lo observe. Y esa mañana, sentado frente a Ariadna con las manos quietas sobre las rodillas y la luz entrando oblicua por la ventana, la memoria le devolvió algo que había estado enterrando con precisión clínica desde hacía semanas.
El recuerdo ll