La carpeta tenía el nombre de un año. Solo eso: cuatro dígitos en tinta azul desgastada, sin subtítulo, sin clasificación adicional. Damien la había sacado del archivador con la misma calma con que solía sacar cualquier documento de trabajo, pero sus manos se detuvieron un segundo antes de abrirla, como si alguna parte de él supiera que lo que encontraría adentro no era simplemente papel.
Era tarde. La consulta llevaba horas cerrada y la luz del escritorio era la única que quedaba encendida en