Empezó con una lista.
No era la primera vez que Ariadna recurría a ese mecanismo —la escritura como forma de ordenar lo que la memoria no lograba sostener sola—, pero sí era la primera vez que lo hacía con esa intención particular: documentar el daño. Nombrarlo. Darle la forma concreta que los recuerdos, en su estado natural, insistían en negarle.
Abrió el cuaderno por una página en blanco y escribió en la parte superior, con letra más grande de lo habitual: *Damien. Lo que me hizo.*
Se quedó m