La pantalla tardó tres segundos en cargar el archivo. Damien los contó.
No porque tuviera prisa —o más bien, precisamente porque la tenía y necesitaba algo concreto a lo que aferrarse mientras esperaba. El cursor parpadeó sobre la carpeta encriptada con una regularidad casi clínica, indiferente a lo que él sentía, indiferente al hecho de que sus manos habían dejado de moverse sobre el teclado desde hacía un minuto y medio.
*MNEMOSIS* aparecía como nombre de directorio. Sin subtítulo. Sin fecha