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La sesión veintitrés comenzó con una fecha.

No fue Damien quien la introdujo. Fue Ariadna quien llegó con ella ya en la boca, como si la hubiera estado cargando desde el trayecto, como si el frío de noviembre afuera hubiera terminado de cristalizarla en algo que ya no podía guardarse.

—El doce de marzo —dijo, antes de sentarse.

Damien levantó la vista de la libreta. Ella estaba de pie junto a la silla, con el abrigo todavía puesto, los dedos enredados en el botón superior que no había terminado
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