La décima sesión comenzó antes de que Ariadna cruzara la puerta.
Damien lo supo por el sonido de sus pasos en el pasillo: irregulares, más rápidos de lo habitual, con ese ritmo entrecortado que no correspondía a la mujer que durante nueve días había entrado a la sala con la precisión silenciosa de alguien que ha aprendido a ocupar el menor espacio posible. Algo había cambiado en las horas que mediaban entre ayer y hoy. Algo que todavía no tenía forma pero que ya tenía peso.
Cuando ella entró, D