Mundo ficciónIniciar sesiónCinco años después de que una traición le arrebatara lo único que realmente amaba, Anna Kalthoff solo vive para una cosa: vengarse de la mujer que destruyó su vida. Para lograrlo, consigue un empleo en Thompson Group con un único objetivo: seducir a su nuevo jefe, el prometido de su peor enemiga, y hacerla sufrir de la misma manera en que ella sufrió. Sin embargo, lo que comienza como un plan cuidadosamente calculado pronto se convierte en un peligroso juego de mentiras, traiciones y secretos que amenaza con salirse de control. Porque, cuando el odio se mezcla con el deseo y el corazón empieza a intervenir, la línea entre la venganza y el amor puede desaparecer por completo. ¿Hasta dónde será capaz de llegar Anna para cumplir su venganza? Y, cuando llegue el momento de elegir, ¿escuchará el rencor... o al hombre del que nunca debió enamorarse?
Leer más~ANNA~
«Debí dejar que te murieras desangrada junto con él.» Las uñas se me entierran en las palmas cuando cierro las manos en puños con fuerza y me hago daño. Pero ni eso duele tanto como recordar ese día en que mi vida cambió de la peor manera. «¿Quieres saber por qué lo hice? Porque ella me lo pidió. Ella me dijo que tenía que deshacerme de él si quería seguir cogiendo con ella... Con ella... Una mujer de verdad, que me da lo que un hombre como yo necesita. Y no como tú, que siempre has sido una frígida que no sirve para nada en la cama.» Me veo al espejo y me acomodo la falda que he elegido para vestir este día mientras las crueles palabras que mi exesposo, Roddy, me dijo aquel trágico día en que mi vida cambió se repiten en mi cabeza una vez más y me torturan. Cierro los ojos y sacudo la cabeza, intentando sacar esos terribles recuerdos de mi cabeza, y trato de concentrarme en lo que estoy haciendo. La falda me queda un poco apretada y hace que se pronuncien mis caderas. Pienso en cambiarla por una menos ajustada, porque nunca he sido el tipo de mujer a la que le gusta andar apretada o mostrar demasiado su cuerpo, pero al final decido dejármela puesta, porque sé que si quiero lograr mi objetivo, debo mostrar lo que tengo. Veo el reloj y me doy cuenta de que ya estoy un poco ajustada de tiempo, lo que no me ayuda porque se supone que quiero llegar temprano a la empresa para causar una buena impresión. Estiro un poco la falda con las manos, tratando de que no esté tan apretada, pero es imposible. Antes de salir, me doy una última mirada al espejo. Me observo un momento y le sonrío a la mujer en el espejo porque, siendo sincera conmigo misma, no me reconozco para nada. Pienso en la mujer que era antes y no se parece en nada a esta mujer que me sonríe a través del espejo. Y no hablo solo del físico, que ya de por sí he cambiado bastante, sino que también cambió mi personalidad y mi carácter. Esta mujer que me observa a través del reflejo en el espejo es tan sexi y tiene un aire de empoderamiento que parece que puede controlar todo lo que ocurra a su alrededor. No se parece en nada a aquella mujer frágil, reservada, sumisa y estúpida que era antes. De esa mujer ingenua e idiota, que se dejó envolver en un montón de mentiras cuando le prometieron amor, ya queda muy poco... o quizá nada. Esa mujer murió hace cinco años. El día que me arrebataron lo único que realmente me importaba y amaba con todo mi ser. Agarro el bolso y el teléfono y salgo de mi departamento hacia el estacionamiento del edificio. Me subo a mi coche y salgo del estacionamiento con rumbo hacia la empresa. Mientras conduzco, pienso en todas las cosas que quiero hacer, en todas las posibilidades que se abren delante de mí en el camino hacia mi objetivo final. Pienso en todo lo que pasó y me condujo hasta este momento. Siento un poco de amargura al recordarlo todo. Pienso en ese horrible día en que desperté en el hospital y Roddy, mi exesposo, me confesó aquello terrible que había hecho porque ella se lo pidió para seguir a su lado. Aunque ha pasado un tiempo considerable desde entonces, no he logrado superar el engaño, todo lo que me hizo sufrir y, sobre todo, perder. No encuentro la manera de sanar mi herida y por eso decidí hacer esto. Quizá de esta manera pueda encontrar la forma de superarlo y tener paz en mi corazón. O quizá esté loca. Quizá solo sea humana y esté errando con mis actos, pero me resulta sumamente difícil dejar ir el rencor y la rabia que me atormentan día a día. Dios sabe que he intentado olvidarlo. Me fui de viaje por un tiempo, asistí a terapia y nada funcionó. Para lo único que me ayudaron todas esas cosas fue para salir de la depresión en la que había caído y apartar de mi mente las ganas que tenía de acabar con mi vida para dejar de sufrir. Pero, desde que la tristeza abandonó mi cabeza, el rencor y la ira se han apoderado de mí. Mi corazón se ha llenado de deseos de venganza contra esa mujer, porque, por lo menos, Roddy pagó parte de su maldad durante el año y medio que estuvo en la cárcel. Por supuesto a mí eso me parece muy poco. No es suficiente castigo para lo que hizo. Además, la encubrió. Su amor por ella hizo que jamás la delatara durante el juicio. Él asumió toda la culpa y por eso ella ha quedado impune hasta ahora. Así que lo único que me queda por hacer es esto: tomar la justicia en mis manos para hacer pagar a esa mujer por todo el daño que me hizo. Siento que la ira vuelve a florecer dentro de mí ante todos esos recuerdos. Pero, en ese momento, diviso el reluciente edificio de concreto y acero donde se encuentra Thompson Group y siento que el corazón me da un vuelco. Mientras avanzo hacia el edificio, la ira empieza a transformarse en otra cosa. El estómago se me hace un nudo y la respiración se me agita un poco. Entro en el estacionamiento subterráneo del edificio y siento que los nervios empiezan a jugar en mi contra. «Tranquilízate, Anna» —me digo para mis adentros. Suspiro y sujeto con fuerza el volante mientras busco dónde estacionarme. Al bajarme, trastabillo por los stilettos y por los nervios, que siguen jugándome en contra. Me acomodo la falda y la chaqueta, respiro profundamente y recuerdo el motivo por el que estoy ahí. Todos los signos de nerviosismo desaparecen al instante y la ira vuelve a fluir. Con paso seguro, camino hacia el ascensor dispuesta a lograr mi verdadero y único objetivo: seducir a mi nuevo jefe, para finalmente obtener mi venganza contra esa maldita mujer.~ANNA~Los labios de Alexander Thompson no son tan gruesos, pero sí están bien definidos y tienen suficiente carne para hincarles los dientes, pasar mi lengua por ellos y...Pestañeo ligeramente para alejar esos pensamientos de mi mente. Coloco el iPad sobre la mesa y presiono el botón de reproducción de la presentación.Mientras mi presentación se reproduce, le explico al licenciado Thompson cada punto. Como mi trabajo es algo que realmente me apasiona, todo nervio o pensamiento ajeno a él desaparece por completo.Cuando la presentación termina, me siento feliz con el resultado y por haber podido despejar todas las dudas que el licenciado Thompson tenía. Siento que ha quedado satisfecho, ya que me observa con curiosidad o hasta con admiración, podría decir. Por eso, en mi mente, me doy pequeñas palmaditas en el hombro, felicitándome a mí misma.Seguimos hablando muy animadamente sobre las propuestas que tengo para dirigir el departamento de ventas. El licenciado Thompson parece fasci
~ANNA~ Lo había visto en algunas fotografías de artículos y periódicos y me había parecido muy guapo. Pero verlo en persona no se compara en nada con lo que muestran las fotografías. Puedo decir, con toda la seguridad del mundo, que todas esas fotografías y artículos con los que lo stalkeé jamás le hicieron la debida justicia. Alexander Thompson es alto. Debe medir entre 1,90 o 1,92 metros. Pero no es de esos hombres altos que se ven encorvados por su estatura o a quienes la altura no les sienta bien. Él se ve imponente, elegante y varonil. Puedo asegurar, con toda certeza, que es de esos hombres que, dondequiera que van, se imponen con su presencia. Es de tez blanca, pero no pálida; más bien, tiene un suave bronceado que le luce espectacular. Tiene el cabello castaño oscuro, liso y peinado de lado, y unos preciosos ojos de un color azul que se asemeja al cielo. Su rostro parece haber sido tallado por las mismísimas manos del dios de la belleza. Tiene una mandíbula prominente que d
~ANNA~ Durante el transcurso de la mañana, distraigo mi mente con el trabajo. Cuando llegan las once de la mañana, comienzo a sentir nervios al ver que se acerca la hora de, al fin, conocer en persona a Alexander Thompson.Trato de distraerme leyendo algunos documentos y correos, pero es inútil. Empiezo a sentir un nudo en el estómago y todo el cuerpo me tiembla. Siempre imaginé que los nervios me jugarían en contra al estar tan cerca, porque yo no soy este tipo de persona, pero nunca pensé que sería a esta escala. Los nervios me están matando. Siento que me voy a volver loca. No soy este tipo de mujer. No sé seducir a un hombre ni jugar con sus sentimientos, y ahora que estoy tan cerca de llevar a cabo mi plan, la idea comienza a parecerme una completa locura. «¿Acaso valdrá la pena? Mejor debería marcharme, olvidar todo esto y seguir con mi vida.» El impulso de huir es tan fuerte que me levanto, agarro el teléfono y el bolso y camino hacia la puerta. «No puedo hacerlo. No puedo
~ANNA~Las puertas del ascensor se abren. Inhalo profundamente y obligo a mis pies a moverse.Toc.Escucho el tacón de mi zapato derecho contra el suelo.Toc.El otro golpea después y, mientras entro en el vestíbulo, el latido acelerado de mi corazón se une al sonido de mis pasos.—Buenos días. ¿En qué puedo ayudarle? —me pregunta la recepcionista con una sonrisa amable.—Buenos días. Soy Anna Kalthoff, la nueva directora del departamento de ventas.Su sonrisa se congela por un instante. Me observa de pies a cabeza con una mezcla de asombro y confusión antes de volver a mirarme a los ojos.—B-bienvenida, señorita Kalthoff. La estábamos esperando. Soy Sara Smith, la recepcionista del departamento.Me devuelve el saludo con cierta torpeza y sale de detrás del escritorio para guiarme hasta mi oficina. En el camino, me muestra las distintas áreas del departamento y me explica a quién pertenece cada oficina, pero apenas consigo prestarle atención. Las personas que ya se encuentran trabajan
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