Nicolás Cancino esperaba a su hijo Jorge para hablarle sobre Rafael. Le explicó que el joven quería trabajar en la firma.
Jorge no vio ningún problema con la idea; sin embargo, su padre no estaba del todo de acuerdo. Aun así, por complacer a su hija Betty, Nicolás terminaba cediendo a cada uno de sus caprichos, incluso a este.
Mientras la pareja seguía recorriendo la firma, Jorge permanecia en silencio.
Nicolás, sin levantar la vista de los documentos, murmuró con voz baja pero firme:
—No me