Lía lo abrió con manos temblorosas.
Leyó una línea y sintió que el corazón le golpeaba el pecho.
“Asegúrate de cambiar la fecha y de que Nicolás no figure. Él ya no regresará.”
Lía levantó la vista, con una mezcla de furia y determinación.
—Esto no es solo corrupción, Barboza. Es una traición.
El abogado sonrió, inclinándose hacia atrás en su silla.
—Entonces hagamos justicia, Lía. Pero a nuestra manera.
Ella asintió, con la mirada fija en los papeles que sellarían el inicio de una guerra silen