La sangre se le heló.
Doce.
Eso incluía el número dos… el que Serrat había robado.
Minutos después, el director de la galería se le acercó con una sonrisa profesional, de esas que
intentan suavizar los golpes.
—Señorita Ramírez, enhorabuena —le dijo con tono triunfal—. Su obra ha sido adquirida en su
totalidad. El comprador ha ofrecido una suma impresionante… más del doble de lo que
esperábamos.
Lía lo miró, incrédula.
—¿Más del doble? —repitió, apenas respirando.
—Así es. Pero hay un pequeño d