El silencio se apoderó de la habitación. —A veces es necesario un golpe para que algunos
recuerden lo que es la vergüenza —murmuró—. Betty ha olvidado que Lía fue su amiga. Y ese
tal Rafael… no es más que un parásito viviendo del apellido de mi hija.
Luego, suspiró, recostándose en el sillón.
—Lía ha pasado por demasiado. Si al fin decidió defenderse, no la culpo. Tal vez fue la única
forma que encontró para que la dejaran en paz.
Mientras su mirada se perdía en el horizonte, una leve sonrisa s