Capítulo 31: Una Simple Aseadora.
Sin embargo, Rafael apenas podía concentrarse. En su mente seguía viéndose la escena del pasillo: Lía, los audífonos, su cintura moviéndose al ritmo de la música.
Era una imagen que lo perseguía, y mientras Betty hablaba sin parar, él se limitaba a asentir, deseando salir de allí.
A pocos metros, en el mismo pasillo donde todo había ocurrido, Lía intentaba recomponerse. Aún tenía el corazón acelerado. Se inclinó para recoger sus utensilios, respirando hondo para calmar el temblor de sus manos,