Comenzó a moverse sola en el centro de la pista, al principio con timidez, pero pronto el cuerpo la guió. Cada giro, cada movimiento de cadera, cada gesto elegante de sus brazos encendía la atención de quienes la rodeaban. Era como si el dolor y la tristeza se hubieran transformado en un baile sensual, cargado de una energía que nadie esperaba de la muchacha discreta que había entrado minutos antes.
Las miradas del bar se volcaron hacia ella. Incluso los Cancino, desde su mesa apartada, la obse