Para Rafael, la decisión era clara: Lía no le servía de nada. La ternura ingenua con la que ella lo había mirado alguna vez ya no tenía valor frente a la grandeza que le ofrecía Betty. Ahora su ambición estaba fija en conquistarla, aunque para lograrlo tuviera que borrar cualquier lazo con Lía, incluso humillarla si era necesario.
En silencio, mientras Betty reía a su lado, Rafael se prometió no desperdiciar la oportunidad. Haría lo que fuera para asegurarse un lugar en esa familia, aunque eso