Unos minutos después se vistieron.
Bruno la ayudó a abotonarse la blusa y le besó el hombro con una sonrisa apenas visible, mientras ella no podía dejar de mirar el anillo que ahora adornaba su dedo.
Sentía el corazón ligero y flotante a la vez, sin poder creer que esto fuese una realidad, y después de unos minutos más, se subieron a un auto mientras Bruno le informó al chofer que fueran a la mansión Machiatti.
Ella notó cómo el sol ya se ocultaba, mientras los dedos de Bruno sostenían los suyo