Daniela sintió cómo la tensión en la sala aumentaba con cada segundo que pasaba. Víctor estaba ahí, en su casa, irrumpiendo en su vida con una facilidad que la aterrorizaba. Se obligó a mantener la compostura, a no mostrar el miedo que le recorría el cuerpo como un escalofrío.
Y Melissa fue quien rompió el hielo.
—¿De verdad quiere caldo de pollo? —Víctor torció su boca en una sonrisa.
—Claro.
Daniela negó hacia Melissa y ella alzó los hombros.
—No entiendo por qué está aquí, señor.
—Víctor —es